Quistes en el hígado : causas y tratamiento

Quistes en el higado


Los quistes hepáticos son lesiones de contenido líquido
que se ven frecuentemente cuando realizamos una ecografía abdominal para evaluar un paciente que nos consulta por un problema de nuestra especialidad (Figura 1).

Nuestro equipo cuenta con una enorme experiencia en ecografía, que realizamos al mismo tiempo que la exploración física, durante la primera consulta de paciente, lo que permite habitualmente tranquilizar al paciente, conseguir rápidamente el  diagnóstico, o enfocar de una forma precisa otras exploraciones.

La gran mayoría de los quistes son quistes simples, hallazgos totalmente casuales, que no producen síntomas, ni alteran las pruebas de laboratorio y ni siquiera precisan seguimiento. Basta con tranquilizar al paciente al respecto e insistirle en que no se trata de un tumor, sino meramente de una cavidad con contenido líquido.

Existen sin embargo lesiones quísticas que no son tan inocentes, aunque todas ellas son poco frecuentes (la poliquistosis hepática, el quiste hidatídico -un quiste parasitario-, los tumores quíticos -cistoadenomas o cistoadenocarcinomas- y los abscesos).

¿Por qué se forman?


Se desconoce la causa de los quistes simples
, pero se piensa que son de origen congénito. Son hallazgos muy frecuentes, pues se estima que afectan al 5% de la población. La pared del  quiste consiste únicamente en una capa de células idénticas a las del epitelio de las vías biliares, pero sorprendentemente el líquido de los quistes no es bilis, debido a que no se comunica con el árbol biliar. El líquido es muy similar al del plasma, y no contiene bilis ni glóbulos blancos ni amilasa. Dichas células segregan continuamente dicho líquido y por ello la aspiración del contenido (pregunta que nos suelen hacer los pacientes) no hace desaparecer el quiste.

Otras entidades son la poliquistosis hepática, que se asocia a la poliquistosis renal, enfermedad autosómica dominante (mutación en los genes PKD1 y PKD2); aunque la poliquistosis renal suele evolucionar a insuficiencia renal, la afectación hepática muy rara vez ocasiona fibrosis.

Los tumores quísticos (cistoadenomas y cistoadenocarcinomas) así como los quistes parasitarios y los abscesos (amebianos o bacerianos) son muy poco frecuentes y se suelen diferenciar bien de los quistes simples mediante la ecografía, las pruebas de laboratorio y en algunos casos otras pruebas de imagen (tomografía computerizada de abdomen, resonancia magnética).

¿Qué síntomas producen los quistes en el hígado y que pruebas diagnósticas se utilizan?

Los quistes simples suelen ser asintomáticos. Los pacientes suelen consultar por saciedad precoz, sensación de distensión abdominal o de ocupación, incluso leve dolor sordo en la zona superior derecha del abdomen. Cuando en un paciente con alguno de estos síntomas encontramos un quiste, aunque sea de gran tamaño, debemos explicarle que dichos síntomas se suelen deber a patología digestiva funcional (dispepsia funcional, síndrome del intestino irritable, distensión abdominal funcional) y no es necesario por lo tanto ningún tipo de actuación médica ni quirúrgica sobre el quiste.

En los pacientes con
poliquistosis hepática, asociada a la poliquistosis renal, lo que es preciso vigilar cuidadosamente es la función renal, porque los quistes hepáticos ni suelen producir síntomas ni complicaciones a largo plazo. Los cistoadenomas son más frecuentes en mujeres de mediana edad y tampoco suelen producir síntomas.

Los quistes hidatídicos sí que pueden producir síntomas cuando se complican
(rotura, paso de contenido a las vías biliares lo que puede producir ictericia, fiebre y escalofríos, así como infección secundaria con formación de un absceso). Suele existir un aumento de los eosinófilos en el hemograma y la serología (anticuerpos anti-equinococo) es positiva en casi el 80% de los casos. Finalmente, los abscesos hepáticos aparecen en un paciente con fiebre, dolor abdominal, mal estado general y con las pruebas de laboratorio muy alteradas (leucocitosis fundamentamente).

En general, si la ecografía ofrece alguna duda diagnóstica, el estudio se puede completar con  una tomografía computerizada o con una resonancia magnética.

¿Cuál es el tratamiento?

Los quistes simples no requieren tratamiento alguno; aunque la aspiración del contenido es fácil, no resuelve el problema porque vuelve a segregarse líquido; se ha recomendado la  aspiración combinada con la administración de alcohol absoluto en el caso de quistes simples de gran tamaño, pero prácticamente también se ha abandonado.

En la enfermedad hepática  poliquística, muy raras veces es preciso recurrir a la marsupialización (realizar una incisión en la pared de los quiste de mayor tamaño para que drene el contenido, quedando una especie  de bolsa marsupial) o a la resección de la pared de los quistes en su porción en contacto con el peritoneo.

En los quistes hidatídicos se usa el albendazol o el mebendazol, que generalmente se comienzan a administrar 4 días antes del tratamiento percutáneo o quirúrgico, y se continúan administrando durante 1 mes más (albendazol) o 3 meses más (mebendazol) después del mismo.

Los abscesos se suelen curar mediante tratamiento antibiótico y drenaje percutáneo. No sólo se deben operar los cistoadenocarcinomas, sino también los cistoadenomas, puesto que aunque son benignos, conllevan un pequeño riesgo de malignización.

Quiste simple
Figura 1

Figura 1. Quiste simple. En prácticamente el 5% de la población se objetiva cuando se realiza una ecografía abdominal por otro motivo una lesión como la de la figura: Una estructura redondeada anecoica (se ve de color negro) con un refuerzo ecogénico (una estela brillante) posterior. Esta imagen es prácticamente patognomónica de  un quiste simple y generalmente no es necesario realizar más exploraciones, sino simplemente tranquilizar al  paciente.

Nº de registro sanitario C.2.1/6078