Aparato digestivo en vacaciones
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El punto de partida
No es una infección.
Es un desajuste.
El intestino es el órgano más rutinario que tenemos. En veinticuatro horas de viaje le cambiamos todo.
- Horarios, agua, movimiento y baño: los cuatro se descolocan a la vez.
- El más frecuente no es la diarrea: es el estreñimiento del viajero.
- Un desajuste se corrige solo. No hay que tenerle miedo.
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Diarrea del viajero
Lo primero no es el antibiótico. Es el agua con sales.
Se resuelve sola en dos o tres días. Los sobres de suero son lo más importante del botiquín, y lo que menos gente lleva.
- Aparece hacia el tercer o cuarto día, no el primero.
- El antibiótico «por si acaso» es un mal souvenir: se vuelve con bacterias resistentes.
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La gastronomía del sitio
No se trata de comer menos. Se trata de elegir mejor.
Dos palabras: temperatura y rotación. Comida recién hecha en un sitio donde come mucha gente del lugar es más segura que un buffet templado de hotel de lujo.
- Lo que vigilamos es lo que lleva rato parado.
- Lavarse las manos es la medida con evidencia más sólida.
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Aquí, en Asturias
Nuestra mesa es maravillosa. Solo pido tres cosas.
Quien nos visita viene también por la sidra, la fabada y el cachopo. No hay que renunciar a nada: hay que saber dónde está el detalle.
- Fabada y cachopo el mismo día, y luego al sol, es pedirle demasiado.
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Cuándo dejar de esperar
Cuatro señales para no esperar.
Con más motivo si hablamos de un niño pequeño, una persona mayor, una embarazada o alguien con las defensas bajas.
- Si la diarrea sigue tres o cuatro semanas después de volver, hay que estudiarla. No es «que me quedó el cuerpo revuelto».
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